vago era odiosamente lento; su andar no estaba cansado, sino aburrido. vago tenía todavía un problema con quince, no lo había logrado superar. un día inesperado vago estuvo invitado a verse con quince de nuevo, a vago le fascinaba la idea de volver a sentirse frágil delante de su mil veces maldito amigo.
el día llegó y a pesar de las hipócritas maneras de evitarlo, vago se bañó y vistió para encontrarse con quince.
quince lo esperaba sentado en un parque; y vago contaba los minutos para verlo. fue al paradero y tomó el bus, vio por la ventana y se sintió puta, vio por la ventana y se sintió viento; vago estaba nervioso. la línea del horizonte vibraba a su paso, cada vez de manera más escandalosa, y llegó el momento en que creyó no soportarlo más, temblaba todo a su alrededor y a nadie parecía importarle; vago dudó por un minuto e intentó tirarse del carro en movimiento, pero desistió pues ya todo estaba escrito y era mucha la excitación morbosa que le producía el sentir a quince cada vez más cerca.
bajó del bus y fue directo hacia donde no había más ruido que el silencio, y al llegar donde quince quedó callado; quince lo esperaba con una sonrisa, vago se sentía decepcionado.
regalarle la vida a quince, y en cierto sentido debérsela, lo dejó vacío; quince era la capital de su imperio, y todos los caminos llevaban a él.
vago no entiende nada tres días después.

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